La muerte de Leopoldo María Panero

La muerte de Leopoldo María Panero en Las Palmas de Gran Canaria hace que el Sol caliente, pero que desgarre un poco menos de lo que se esperaría de él un día como éste de Marzo, al menos desde detrás de la ventana de la oficina.
Con la muerte del último miembro familiar, el apellido Panero, cómo bien apuntaba su hermano Michi, asegura de esta forma su inexorable extinción, un intencionado fin de raza predecible desde hacía cuatro décadas.
Por qué la invasión secreta acabó con María Hill
Ha muerto la cantante de 'Yes Sir, I Can Boogie' María Mendiola
Hijo del poeta astorgano Leopoldo Panero y hermano del también poeta Juan Luis Panero y del libre pensador Michi Panero (ambos ya fallecidos también), Leopoldo Panero nacería en Madrid una anodina mañana de Junio de 1948 con una sola intención desde la cuna, ser todo lo que su padre no quiso o no pudo ser (según uno crea en la influencia del miedo en la vida de las personas).
Y así vivió una vida salvaje, muy acorde con la poesía transgresora con la que llenaba sus libretas. Drogadicto, maricón a ratos y carne de psiquiátrico, Leopoldo Panero fue una persona de verso y vida vibrante, un alma entregada a los instintos más puros, ya sabéis, esos más emparedados por el resto de nosotros. Un bicho salvaje que la sociedad no tenía más remedio que encerrar una y otra vez hasta que, de no poder ser domesticado, al menos no pudiese concebir otro tipo de vida.
Hace sol y entran ganas de dejarlo todo como está y volver a la mesa y al jardín en el que Jaime Chávarri reuniese a los hermanos Panero en el rodaje de 'El Desencanto' en 1976, para que con la lucidez de los genios, predijesen el futuro de su familia con 40 años de antelación.
Hoy nos despertamos con la muerte de Leopoldo María Panero, último superviviente de su familia y perpetrador de un fin de raza que se ha tomado su tiempo.
Y ojalá hubiese sido un poco más. Solo un poco más.
