Crítica SIN SPOILERS de Star Wars: Episodio VIII - Los últimos Jedi, la nueva esperanza de la galaxia

AHORA SÍ QUE NOS ENTENDEMOS

Crítica de Star Wars: Episodio VIII - Los últimos Jedi, la nueva esperanza de la galaxia

Star Wars: Episodio VIII - Los últimos Jedi, es la mejor película de la franquicia.

1212 minutos. 20 horas. Ocho pelis y un spin-off. Eso es lo que, al menos yo, he necesitado para disfrutar de la épica galáctica esa de la que todo el mundo habla desde hace cuarenta años.

Tras un primer acercamiento a la modernidad y al deseo (y la necesidad) de matar a los padres, esta entrega se convierte por derecho propio en la más asombrosa, hermosa, entrañable, divertida, trepidante y emocionante de la saga. Y eso es decir mucho, por lo visto.

Y es que Star Wars: Episodio VIII - Los últimos Jedi, no se anda con rodeos a pesar de ser la entrega más larga de la saga. Desde la primera secuencia, Rian Johnson y Steve Yedlin, su director de fotografía de siempre, saben dónde poner la cámara para capturar cada detalle, cada gota de sangre, sudor y lágrimas, y hacer de los últimos Jedi un espectáculo de primera.

Sin los viejos dinosaurios (hey, Ron Howard), como Lawrence Kasdan ni las innecesarias interferencias del blockbuster para young adults (Michael Arndt, te lo digo a ti), Johnson y Yedlin demuestran en apenas un par de minutos que JJ Abrams y Dan Mindel se equivocaron al iluminar con los mimos juegos de luces de la galaxia vecina. El primer acierto de Star Wars: Episodio VIII - Los últimos Jedi es entrar por los ojos con una imagen nítida pero con un toque de grano y suciedad que le va que ni pintado. Como la ropa de los personajes. El episodio VIII es PRECIOSO.

Crítica de Star Wars: Episodio VIII - Los últimos Jedi, la nueva esperanza de la galaxia

Tras haber presentado al núcleo principal de esta nueva trilogía en la película anterior, ahora tocaba que esos personajes ya tuvieran libertad de movimientos fuera del corsé. Así, Finn tiene una primera intervención realmente divertida y Poe rezuma el carisma que se echaba de menos en la anterior película. Es una extraordinaria noticia que sean conscientes del enorme actor que es Oscar Isaac. Adam Driver sigue a lo suyo, con su locura megalómana, y hay un montón de nuevas criaturas y personajes que, sorpresa, encajan como anillo al dedo. No hay ni una sola nueva raza que desentone ni resulte gratuita, sean los promocionados purg o sea Benicio Del Toro, que consigue brillar cuando está en pantalla. Es una lástima que la peor interpretación de la película corra a cargo de Carrie Fisher, pero hay que reconocer que es más que probable que tuviera la cabeza en otro lado.

El gran vencedor de este episodio es Mark Hamill, que demuestra que Star Wars siempre ha sido y siempre será Luke Skywalker. Sin la aparatosidad del Solo de Ford del Episodio VII y con la fuerza de una mirada que rompe las gafas 3D, Hamill es el vencedor absoluto.

A lo largo de sus 150 minutos hay tiempo para la emoción, el mensaje y, todo hay que decirlo, un par de escenas que pueden llegar a provocar vergüenza ajena en favor del humor para los más pequeños, algo insignificante teniendo en cuenta que estamos ante la mejor película de la saga de Star Wars.

Con Rian Johnson al mando de una nueva trilogía, es el momento de reconocer que ahora sí estamos ante una nueva esperanza

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