Low Festival 2017: ¿el mejor festival nacional?

YO DIRÍA QUE SÍ

Low Festival 2017: ¿el mejor festival nacional?

La gente del Low Festival solo puede estar contenta y orgullosa. Contenta por el éxito de asistencia, con más de 83000 personas paseando por la Ciudad Deportiva Guillermo Amor (lo único por lo que estaré agradecido al F.C.Barcelona en mi vida), y orgullosa porque, seamos sinceros, a pesar de las leyendas internacionales del cartel, con Franz Ferdinand llenando más que nadie, Pixies seduciendo y The Hives infalibles como siempre (aunque el calor quizás fue insoportable para los suecos), nuestras bandas nacionales eclipsaron el verano en Benidorm.

La mejor muestra de la potencia y el encanto nacional se produjo claramente el viernes, con La Casa Azul llenando tanto (o más) que los viejos compadres de Frank Black, esos Pixies que entre la reliquia y la rabia siguen arrastrando a las masas vayan donde vayan. Y eso que Head Carrier es el quinto disco en más de treinta años de carrera.

El sábado fue, en realidad, el día grande (y el más caro para quienes decidieron asistir con entrada de día), pero podéis creerme: la entrada merecía la pena.

The New Raemon & McEnroe abrieron con la solana en el cielo, pero con la luz del día ya se intuía que la jornada sería especial. Después de presentar su trabajo en común, Lluvia y Truenos, hubo tiempo para clásicos de cada uno de los artistas. El detalle que nos conquistó, en realidad, fue que al finalizar el show el bueno de Ramón Rodríguez pinchase Incredible Thoughts, el temarral climático de Popstar, una de las mejores comedias que nadie ha visto de los últimos 25 años.

Nada Surf demostraron las tablas que se obtienen tras más de 20 años girando alrededor del mundo y a pesar de algún problemilla técnico (como más tarde sufrirían The Hives en el mismo escenario), conquistaron al muy numeroso público asistente con hits como Always Love, Hyperspace y The Way You Wear Your Head, llegando a emocionar a más de un asistente del escenario grande.

Con My Expansive Awareness haciendo lo suyo, partimos hacia Soledad Vélez, primera sorpresa de la jornada del escenario Wiko que el viernes destrozaba Biznaga, una de las bandas más importantes del panorama nacional y probablemente la que más huevos tenga.

En esta ocasión, la chilena presentaba su tercer trabajo, Dance and Hunt, y fue una grata experiencia de atardecer.

Si alguien de 2001 asistiera a un concierto de Sidonie y acto seguido entrase a una máquina del tiempo hasta el sábado del Low, pensaría que algo muy raro ha pasado en el mundo. Sí, los catalanes han pasado de tocar en pelotas, con las cabezas cubiertas con máscaras de animales y muy a tope en salas infrahumanas a ser los abanderados del pop radiable nacional. Y este sábado lo volvieron a demostrar.

A pesar de no haber insistido demasiado en Costa Azul, sin duda su mejor trabajo, dieron un concierto con gracia y un karaoke a la Dylan muy divertido. Saben manejarse en un escenario a pesar de que los solos de batería necesiten un percusionista que destroce los platos.

La medianoche trajo consigo una dura competencia: los consagrados Franz Ferdinand siendo muy profesionales pero, ojo, rodeados de un halo de tristeza que conmueve. Los creadores de Take me Out o The dark of the matinee (con el que arrancaron) no parecen disfrutar mucho sobre el escenario, y lo cierto es que con esos primeros dos discazos y un tercer trabajo que no estaba mal, necesitan volver a sentirse reyes.

Low Festival 2017: ¿el mejor festival nacional?

Mientras tanto, Las Odio terminaron de demostrar un puñado de cosas: que son el futuro, que tienen un directo divertido y al grano y que transmiten ondas buenrollistas como hacía tiempo que no captábamos. Si tuviera que elegir mi momento del festival, sería este… o no, porque luego llegaron los siempre sobresalientes, poderosos, profesionales y ejemplares Los Punsetes, que retaron a las clásicas realizaciones de pantalla festivalera con sus habituales videoartes pasados de madre tan divertidos como descorazonadores. Exactamente como sus canciones. Dieron un concierto tan extraordinario que al final de Estrella Distante habían ganado ya un nuevo puñado de fans. Rrucculla hizo su magia en el escenario Jägermusic (donde lo mismo te encuentras algo tan interesante como a un chaval haciendo trap de ese) y luego The Hives demostraron que en esto del rock en directo no tienen rival. Y punto.

El domingo la situación no cambió y los reyes nacionales siguieron mandando: Triángulo de amor bizarro y Lori Meyers demostraron que pueden ser cabeza de cartel de cualquier festival del mundo. Ojete Calor también dejó claro que deben cerrar cualquier sarao con altavoces y Mando Diao que cualquier tiempo pasado fue mejor.

No podemos estar más ansiosos ante la próxima y décima edición de un festival que no para de crecer. Gran trabajo, Low.

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