Crítica de 'Baby Driver', la irresistible velocidad del sonido

'BABY DRIVER' DE EDGAR WRIGHT

Crítica de 'Baby Driver', la irresistible velocidad del sonido

Pisando el acelerador con la nueva película de Edgar Wright. Crítica de 'Baby Driver', el espectáculo cimatográfico de este verano.

Año 2011. Nicolas Winding Refn estrena el thriller automovilístico 'Drive'. Con Ryan Gosling al volante, más pulso tras la cámara que saltos de valla tiene la Trilogía del Cornetto y una marcada apuesta por el estilismo, la cinta era un señor golpe sobre la mesa, que básicamente demostraba que el género da para más que el suma y sigue de 'Fast & Furious' y sus imitadoras. Grabada a fuego en los que quedaron deslumbrados con su cruda aproximación a la violencia y su absorbente puesta de escena, la película venía acompañanda por una inolvidable banda sonora con la Refn diera forma a esta suerte de fábula turbia al borde de la irrealidad.

Año 2014. James Gunn hace lo propio con 'Guardianes de la Galaxia'. Una pegadiza montaña rusa de emociones y colores, que supuso todo un vendaval de aire fresco endiabladamente funkie, con el que Gunn prendió fuego al encorsetado marco de los blockbusters veraniegos. De nuevo el apartado visual y la música eran parte fundamental de un irresitible film, con el que era prácticamente imposible contener los pies.

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Más o menos por esas fechas, el director Edgar Wright pone fin a su relación con Marvel Studios. Una decisión difícil que fue todo un jarro de agua fría para cualquiera que tuvieramos entusiasmo por descubrir como se desenvolvía el responsable de 'Shaun of The Dead' en el cine de superhéroes. Entre ellos, el propio productor en jefe de Marvel Kevin Feige. Pero si para alguien fue una decisión difícil fue sin duda para el propio Wright quien, viendo la imposibilidad de aunar criterio con la compañía, no vio otra salida que la de sepultar los once años invertidos en 'Ant Man (El Hombre Hormiga)'. Más allá de lo que se pueda intuir en la que nos dieran Peyton Reed y Adam McKay, nunca llegaremos a saber como era la película de robos con superhéroes que habríamos tenido con Edgar Wright y Joe Cornish.

No pasa nada. Como se suele decir, cuando una puerta se cierra, siempre hay opción de que se abra otra. Así que Wright decidió mantenerse en el terreno del cine de atracos, dejando de lado a los superhéroes para abrazar un viejo proyecto que concibió en 1994. Sustituyendo las partículas Pym por la velocidad de los coches rápidos, reclutaba a la estrella en ciernes de 23 años Ansel Elgort para poner en marcha su sexta película: 'Baby Driver'. Una historia centrada en un temerario conductor de robos con una peculiar fijación con la música, que ya usaría años atrás como base para el videoclip musical 'Blue Song' de Mint Royale. Pero esta vez Wright quería ir mucho más lejos, embarcándose junto al actor de 'Bajo la Misma Estrella' y un reparto de auténtico lujo en una carrera sin paradas a la gran pantalla.

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El Protagonista

Como añadido, el director británico daría razón de ser a la obsesión por la música de su protagonista aquejándolo de acúfenos. Una patología auditiva ligada a su pasado, y que en la película tiene una relevancia al borde de los simbólico. Pero más allá de esta diferencia respecto al pistoletazo de salida de 'Blue Song', la idea de la que parte 'Baby Driver' sigue siendo básicamente la misma: Los otros roban, él conduce. No solo eso, sino que el nuevo film de Edgar Wright de nuevo puede considerarse un videoclip musical. Uno de casi dos horas en torno a una gargantuesca playlist sin a penas claudicación para el descanso, y a la que van sumándose capas en forma de varios lugares comunes del género. La historia de amor al borde del desastre, la convivencia entre criminales y las tensiones a las que esto da pie, la tragedia de la que no se puede escapar, los planes infalibles en los que siempre se cumple esa máxima según la cual -si algo puede salir mal- saldrá mal...

No se puede decir que argumentalmente 'Baby Driver' reinvente ninguna rueda, pero es que en general puede decirse que todos los ingredientes con los que Edgar Wright juega en su nueva película no son sino una excusa para hacer su magia. Más alejada de la comedia de lo que suele ser habitual en él -aunque sin privarnos de pinceladas que nos recuerdan quien está a los mandos-, el director de 'Hot Fuzz' y 'Bienvenidos al Fin del Mundo' deja claro que todo lo que se intuía en cuanto a su talento para rodar acción no era ni mucho menos un espejismo. Arrancando motores con un arrollador brío, las tres secuencias consecutivas con las que abre la cinta pueden suponer uno de los más contundentes comienzos que nos haya dado el cine de entretenimiento, desde que a James Gunn le diera por disponer el abrumador drama de Meredith y el viaje a lo desconocido al más puro estilo 'Risky Business' de Star Lord en el planeta Morag, sin más interludio que el logo de la compañía.

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Nervios de Acero

Pero me alegra que volváis a sacar el nombre de Gunn. ¿Seguro que no habéis citado a Nicolas Winding Refn también? Porque puede que la mejor forma de resumir 'Baby Driver' es como la puesta a punto en blanco del nunca concebido hijo perdido de 'Drive' y la primera entrega de 'Los Guardianes de la Galaxia'. Como si los films de Refn y James Gunn hubieran ayuntado en una desaforada noche de pasión y amor loco, y el fruto fuera la película que nos llega ahora con la bendición de Edgar Wright. En un malabarismo imposible, el director de la Trilogía del Cornetto sabe aunar en la película estrenada este fin de semana toda la clase y determinación sin concesiones de 'Drive', con el ritmo enérgico y descarado de 'Los Guardianes de la Galaxia'. Pero sobre todo, el film de Wright sabe hablarles de tú a tú a las citadas en cuando a su abrumador despliegue visual y una superlativa banda sonora destinada a hacer arder Spotify a la misma velocidad de vértigo con la que se queman los fotogramas a los que acompaña.

Cierto que no todo el metraje de 'Baby Driver' mantiene el endiablado ritmo del arranque. Y casi que a Dios gracias, porque de lo contrario correríamos el riesgo de acabar deshidratados empapados en sudor. Pero la cuestión es que tras el potente arranque, la película se acomoda de forma mucho más autocomplaciente en sus florituras, en un segundo acto centrado en los personajes. Es en este tramo en el que se desarrolla la mayor parte de la relación entre el protagonista interpretado por Ansel Elgort y la camarera Debora, a la que da vida Lily James. Dos personajes contrapuestos, presentándonos el primero como un hermético Han Solo, tan reservado y ausente que parece estar completamente enclaustrado en si mismo, frente a la radiante jovialidad sin restricciones de la segunda.

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La Chica

Con el joven protagonista demostrándo una férrea solidez a la hora de plasmar los diferentes matices -tan aparentemente frío como cálido y entrañable o duro como el hormigón armado según exijan las circunstancias- de un personaje que de pura parquedad casi se erige como el equivalente juvenil al Armónica de Charles Bronson en 'Hasta que llegó su hora', a su compañera de reparto le toca dar vida uno mucho más arquetípico. Tanto, que casi funciona mejor como idealización de los de los anhelos del primero, que como personaje con autonomía propia. En ese aspecto, la camarera interpretada por la actriz de 'La Cenicienta' y 'Orgullo, Prejuicio y Zombies' se erige como una figura casi etérea y de otro mundo. Como si el personaje de Carey Mulligan en 'Drive' se hubiera visto poseída por la hipotética descendiente de Ramona Flowers y Michael Cera.

La entregada Lily James sabe darle vida de forma hipnótica, y Edgar Wright emplear toda la artillería de su 'Scott Pilgrim contra El Mundo' para sacar partido a su rebosante química con el personaje de Elgort. Sin embargo, 'Baby Driver' no es solo cosa de dos, y junto a la pareja protagonista tenemos un nutrido elenco, entre el que destacan los criminales de la banda encabezada por Kevin Spacey. Siendo estos los que verdaderamente amenazan con robarle la película a un Ansel Elgort que la defiende con uñas y dientes, no todos tienen la misma relevancia, pero sí que entre todos conforma un bullicioso compendio humano que derrocha carisma y presencia entre por los cuatro costados.

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Siempre enorme Kevin Spacey

Con el actor de 'American Beauty' y 'House of Cards' haciendo gala de sus incuestionables tablas como gran patriarca de la organización para la que trabaja el protagonista, a su alrededor podemos encontrar desde cameos como los de Flea de los Red Hot Chili Peppers o Killer Mike de Run The Jewels, hasta personajes con mucho más peso para la historia. Dentro de estos últimos, el all-star del crimen compuesto por Jamie Foxx ('Un Domingo Cualquiera', 'Django Desencadenado'), Jon Bernthal ('The Walking Dead', 'The Punisher'), Eiza Gonzalez (la adaptación televisiva de 'Abierto Hasta el Amanecer'), Jon Hamm ('Mad Men'), Paul Williams y Hudson Meek. Mientras menos se revele de los personajes a los que da vida cada uno, casi mejor de cara a no perjudicarle a nadie el disfrute de 'Baby Driver'.

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Eiza González

Pero si insistís en tirarnos de la lengua, solo decir que -a menos que algo se tuerza- a Eiza Gonzalez le espera un muy próspero futuro en Hollywood. Siendo admirable la energía que la actriz mexicana pone a su personaje mientras comparte pantalla con titanes como Spacey, Foxx, Bernthal o Hamm, la película se encarga de lanzarnos certeros destellos de los personajes a los que da vida cada uno, dando forma a una variopinta fauna humana que -llegado cierto punto- convierten a 'Baby Driver' en un vigoroso cocktail pirotécnico, en el que uno nunca sabe por donde van a colisionar.

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Jamie Foxx

 

Ayudados por una caracterización que logra que hasta el último secundario de 'Baby Driver' se te quede grabado en la retina, es la suma de los integrantes de la película la que sirve de detonante del apoteósico acto final. Un clímax desasosegante no apto para cardiacos, cuya intensidad amenaza con traspasar nuestra caja torácica, y en el que Edgar Wright deja prueba incontestable de su maestría tras la cámara.

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Jon Bernthal

Es alcanzado este punto cuando queda verdaderamente claro que las trazas de las que se alimenta la simiente de 'Baby Driver' van mucho más lejos de cualquier comparativa con el cine de Refn y Gunn. Que la película fruto del talento de Edgar Wright se ha forjado en una cama redonda, en la que también dejó su marca el imparable ritmo de la saga 'Taxi' de Gerard Pirés y su estética de cómic. Que tampoco andan muy lejos ni la contundencia de 'Heat' de Michael Mann y el descarnado romance al borde del apocalipsis de 'Amor a Quemarropa' de Tony Scott y Quentin Tarantino. No hablemos ya del embriagador carácter suicida de 'Atraco Perfecto' de Stanley Kubrick. En definitiva, una combinación difícilmente superable en la que sofisticación y energía incontenible se dan la mano.

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Jon Hamm cubriendo a Eiza

 

Irrumpiendo en nuestras pantallas como uno de los grandes festivales sensoriales del año, poca queja se puede interponer a 'Baby Driver' más allá de que en ocasiones pueda llegar a saturar con su sobredosis de estilo. Eso, o que le cueste decidirse a acabar. Pero poco creo que pueda llegar a suponer esto último, a tenor de la vertiginosa experiencia a la que nos arroja en su extenuante tercio final. De esos, en los que uno casi puede sentir las agujetas al salir del cine.

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Música y velocidad

Si el verano del pasado 2016 quedó parcialmente húerfano tras acostumbrarnos a que obras de la incontenible fuerza de 'Kingsman, El Servicio Secreto' y 'Mad Max, Furia en la Carretera' nos llegasen con el calor, 'Baby Driver' retoma la tradición, como un espectáculo cinematográfico tan irresistiblemente adrenalínico como afrodisiaco. Un film que funciona con igual precisión cuando se hace valer como historia de amor, como lo logra como frenético relato de acción criminal. Tanto, que de nuevo resulta imposible no preguntarse como habría sido ese 'Ant-Man' de Edgar Wright que nunca llegamos a ver.

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El dodge charger rojo

Porque si algo queda claro con este 'Baby Driver', es que con su regreso a la pantalla nos ha hecho entrega de uno de los films más estimulantes de todo el 2017.

 

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