Crítica de Split (Múltiple), otro éxito de Shyamalan

QUE LA TUERCA NO PARE DE GIRAR

Crítica de Split (Múltiple), otro éxito de Shyamalan

El mundo de la taquilla tiene, a veces, unos giros dignos de un maestro del suspense. Nuestra crítica de Split (Múltiple), otro éxito de Shyamalan, intentará explicarlo SIN SPOILERS.

Hace muchos años, antes de que las fechas empezaran por el número 2, M.Night Shyamalan (re)apareció dentro del panorama del horror para revolucionar un género que necesitaba de talentos como el suyo.

Lo hizo con un póquer de ases formado por El Sexto Sentido, El Protegido, Señales y El Bosque, cuatro hits infalibles de los que únicamente funcionó como merecían casi dos.

Tras perder favor de crítica y público, uno más acostumbrado a gatos saltando sobre contenedores de basura y espejos con fantasmas detrás, Shyamalan pareció perderse en la nebulosa del purgatorio cinematográfico del talento perdido.

Afortunadamente, La Visita, un vivaz found footage con aires setenteros que terminó por conquistar a todo el mundo porque no había más remedio.

Y ahora regresa, a lo grande (no), con Split (Múltiple), otra diminuta pieza de horror de cámara donde Jason Blum, mecenas del género actual, da total libertad a un talento que funciona mejor cuanta más tenga.

Con otro presupuesto minúsculo que no llega a los diez millones, el alucinante talento de James McAvoy y dos decorados, el director de El Protegido recupera el tono esquizoide del Brian de Palma más desatado (Sisters, Raising Cain) para meter un fregado cerebral tan atractivo como, en teoría, absolutamente anti-comercial.

Si seguimos por la rama de la psicología y la personalidad múltiple, tema central de la película, sería lógico destacar lo sorprendente de su recaudación, más de cien millones de dólares en su primera semana, siendo su primer, y por tanto único, número uno en taquilla desde El Sexto Sentido.

Casi más dramática que aterradora, o mejor dicho, dramáticamente aterradora, como debe ser, Múltiple demuestra principalmente una cosa: no hay nadie en Hollywood (o en off-Hollywood) que maneje mejor los tiempos y las tensiones como M.Night Shyamalan. El tío no ha perdido nada del talento visual que nos devolvía al Spielberg más Amblin con sus primeras fábulas, pero claro, pasar del mainstream al presupuesto ínfimo también te permite menos elegancia en las formas, aunque la clase y el estilo permanecen inalterables. Aunque se dedique durante dos horas a mostrar síntomas y consecuencias del trastorno de personalidad múltiple llevado al extremo.

Tres jóvenes (atención a la revolución de The Witch, Anya Taylor-Joy) son raptadas por un misterioso desconocido que tiene más de un problema: tiene 23, exactamente. Nada sabemos ni de las jóvenes ni del hombre con la cabeza rapada, pero una serie de flashbacks nos presentarán a uno de los personajes principales y terminarán por hilar el enésimo cuento - fábula - de un director valiente que venía de estrellarse la última vez que se decidió a contar un cuento similar. Y es que es La Joven del Agua la película que, quizás, más tenga que ver con su última película: Split (Múltiple) es una película exigente, que requiere esfuerzo por parte del espectador, incluso por el más fanático del director, pero tranquilos, porque es una de esas raras ocasiones en las que la entrega se verá recompensada. Con creces.

Por tono, por pretender ser aterradora desde una realidad teñida de fantasía clásica, por insistir en sus convicciones y por, gracias a dios, no mostrar a nadie vestido de rojo con una cesta de mimbre, Split (Múltiple), es una de las mejores películas del año. Sobre si aún existe o no la obsesión del director por rizar el rizo en sus trabajos, bueno, tendrás que verlo.

No teníamos dudas de sus resultados, pero nadie esperaba de Split (Múltiple), otro éxito de Shyamalan.

 

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