Crítica de 'The Imitation Game', Benedict Cumberbatch contra la máquina

BENEDICT CUMBERBATCH MEETS ALAN TURING

Crítica de 'The Imitation Game', Benedict Cumberbatch contra la máquina

Crítica de 'The Imitation Game', el increíble hombre codificado.

No hay entorno más hostil que aquel en el que te ves obligado a negar tu persona. A reprimir todo lo que eres, para ocultarlo tan lejos que solo tú seas consciente de tu ser. La necesidad de convertirse en un agente doble de tu propia vida, encriptando tu identidad bajo un candado de siete llaves, mientras relegas tu imagen pública a la de zombie inanimado que desliza por la vida con una frialdad robot. La anulación del ser como mecanismo de defensa, dejándonos a merced de un tormentoso mundo interno que -casi siempre- termina abriéndose paso al exterior de forma violenta, dramática e impredecible. Algo de lo que bien sabía el Jean Valjean de Víctor Hugo al perder la última amarra con su vida anterior, como bien debió saberlo este prisionero 24601 de la vida real al que da vida Benedict Cumberbatch en 'The Imitation Game'.

Prestigioso matemático inglés de la primera mitad del siglo XX, Alan Turing fue una pieza clave en la resolución de la II Guerra Mundial a favor de los Aliados, tomando parte en la contienda como lo hicieron cientos de miles de sus compatriotas. Sin embargo, Turing participó en la guerra a través de una trinchera muy diferente. Una en la que el enemigo no tenía forma de las bayonetas de las Wehrmacht, los temidos panzers de la Blitzkrieg o los aviones de la Luftwaffe. El enemigo al que combatió Turing junto al equipo de especialistas que formaron la unidad de inteligencia ultrasecreta que operaba desde Bletchley Park tenía forma de código indescifrable mediante el cual los alemanes se comunicaban, y cuya resolución podía marcar la diferencia entre ganar la guerra o perderla. El conocido código Enigma.

Pero resulta que -además- Alan Turing era gay. Algo sin la menor trascendencia en nuestros tiempos en los que, gracias a Dios, al fin comenzamos a tener consciencia de que cada uno es libre de elegir con que tipo de persona quiere pasar su vida (independientemente de si es alta, baja, hombre, mujer, lleva bigote o barba). Sin embargo, hace setenta años -la edad de nuestros abuelos, tampoco es tanto...- la película era bien distinta, e incluso en naciones tan “avanzadas” como el Reino Unido en el que creció la todavía regente Isabel II, la homosexualidad era considerada un delito.

Adentrándose en la vida y obra del matemático al que puede considerarse padre de la inteligencia artificial electrónica y las primeras máquinas de computación (abuelos de todos nuestros ordenadores, teléfonos móviles y dispositivos contemporáneos), la nueva película de Morten Tyldum aborda tanto el trascendental papel de Alan Turing en la II Guerra Mundial, como los padecimientos personales a los que se vio sometido por culpa de los prejuicios de la época contra alguien de su condición. Tomando como base el libreto de Graham Moore, su título -El Juego de Imitación- proviene de la prueba diseñada por el propio Turing para establecer las diferencias entre el pensamiento lógico humano y el pensamiento lógico generado por una máquina.

Siendo la base sobre la que Philip K. Dick concibió la prueba Voight-Kampff usada por los 'Blade Runner' para diferenciar a los humanos de los replicantes, hay muchos paralelismos entre la importancia que otorga 'The Imitation Game' a la implacable frialdad de dicha fórmula matemática para excluir lo diferente, con el discurso de la película que Ridley Scott llevase al cine. Convirtiendo los esfuerzos de Turing para desentrañar Enigma en una suerte de lucha personal frente a un contrario idéntico, en cuyas claves puede estar el secreto para descifrarse a si mismo y liberarse de la madeja en la que se ha visto obligado a encerrarse -anulando su persona como medio de protección-, la película de Benedict Cumberbatch sirve tanto como biopic su protagonista, como de relato de la atroz deshumanización a la que se puede ver sometida una persona en manos de un sistema dispuesto a aplastar cualquier pieza que se salga mínimanente del lugar asignado.

La mera imagen de promocional con las inexpresivas facciones del protagonista de 'Sherlock' frente a la monstruosa máquina repleta de cables y engranajes resume a la perfección la aproximación a la vida de Alan Turing que nos brindan Tyldum y Moore. Un Turing al que seguimos desde su juventud hasta sus últimos días, siempre con la filosofía personal que aprendió a las malas mientras estaba en el instituto: Que el único fin de la violencia, es obtener satisfacción mediante el daño del otro. Y que si no hay esta respuesta, la violencia pierde su sentido y entonces cesa.

Crítica de 'The Imitation Game', Benedict Cumberbatch contra la máquina

Una conclusión de una lógica aplastante, pero con conduce a la negación de nuestra propia expresión de lo que somos y lo que sentimos para escapar del conflicto. La táctica de la tortuga como forma de vida, por medio de la cual podemos terminar convirtiéndonos en los peores enemigos de nosotros mismos, como bien se ilustra a través del personaje de Benedict Cumberbatch.

Porque a pesar del empeño que vuelcan unos siempre competentes Keira Knightly, Mark Strong y Matthew Goode para estar a la altura -y lo hacen- 'The Imitation Game' es un recital de un solo hombre en el que todo gira alrededor de la personalidad de Turing. Un recital que peca de clásico, así como de amoldarse al ABC del biopic más básico, donde todo ocurre casualmente en el momento que más intensidad dramática se le puede extraer, cambiando lo natural por la teatralidad apersonal.

Crítica de 'The Imitation Game', Benedict Cumberbatch contra la máquina

Esto le da cierto aire de telefilm británico de gran presupuesto a la película, siendo probablemente la menos ostentosa de todas las nominadas a mejor producción de los Oscars 2015. Pero el que no sea una película que vaya a marcar un antes y un después en la historia del cine, la personalidad de Alan Turing, su aportación a la II Guerra Mundial, los dilemas morales que engloba y la terrible historia real del hombre acosado por el propio país que ayudó a salvar hacen de 'The Imitation Game' un drama histórico de franco interés, que además resulta sorprendentemente ágil en su narración.

Algo en lo que mucho tiene que decir un enorme Benedict Cumberbatch en un papel que le viene al dedo, siendo capaz de plasmar tanto la frialdad próxima al Asperger de este Sheldon Cooper de la Inglaterra de la II Guerra Mundial, a obligarnos a contener el estallido de lágrimas cuando toca. Una muestra más de sus increíbles dotes como actor, con un personaje creado para emocionar, y al que tal vez le hubiera venido bien algo más de indagación introspectiva y menos lugares comunes del drama de época.

Crítica de 'The Imitation Game', Benedict Cumberbatch contra la máquina

Pero quitando algunos aspectos que podrían haber sido mejorados, 'The Imitation Game' resulta satisfactoria, y aunque no es muy probable que arrase en los próximos Oscars, si que nos ofrece una aproximación tan necesaria como cuidada, a varias cuestiones históricas de nuestro pasado reciente que conviene no olvidar.

Y si todavía no tienes claro de qué va 'The Imitation Game', descifra esto: Del tipo gracias al cual puedes leer estas líneas a través de tu móvil u ordenador, en lugar de estar todos danzando al paso de la oca bajo la bandera del III Reich. Un tipo al que trágicamente le dimos la espalda porque la vida todavía no había avanzado lo suficiente, y cuyo drama encarna al de tantos y tantos que alguna vez se hayan sentido diferentes, por cualquier causa o razón que sea.

Pero como no se puede terminar hablando de Alan Turing sin hacer mención a los números, aquí van 10 razones para ver 'The Imitation Game'. Vídeo con la banda sonora nominada al Oscar antes.  

¿Te gusta? ¡Puntúalo!

5 votos

Noticias relacionadas
load