Crítica de 'X-Men: Días del Futuro Pasado'

'X-MEN: DÍAS DE SUPERMAN RETURNS 2'

Crítica de 'X-Men: Días del Futuro Pasado'

Crítica de 'X-Men: Días del Futuro Pasado':

Tras años luchando por la coexistencia entre humanos y mutantes, los X-Men se enfrentan a la peor de las pesadillas en un apocalíptico futuro gobernado por las más pavorosas máquinas de matar creadas por el hombre. Para escapar a la extinción, enviarán a Lobezno al pasado con la peligrosa misión de hacer las paces entre Bryan Singer y Fox, y así asegurar la supervivencia de los mutantes en el cine durante la próxima década.

El germen de esta nueva película de los X-Men hay que buscarlo en verano de 2004, cuando la franquicia vivía su momento de gloria, como responsable del boom del cine de superhéroes actual. Entre legiones de imitadores, fans y ofertas de todo tipo, el error de Singer y Fox fue dejarse emborrachar por las mieles del éxito, poniendo fin su relación en busca de la gloria personal.

El resultado fue un batacazo gemelo de las proporciones de 'Superman Returns' y 'X-Men 3: La Decisión Final', del que no consiguieron reponerse hasta volver a aunar fuerzas con 'X-Men: Primera Generación' (dejando el mando de la dirección en manos del experto en animar cotarros Matthew Vaughn).

Reforzados los cimientos con aquel delirio pop de espías atómicos en plenos años cincuenta, el hijo pródigo se animó a recuperar la silla de dirección perdida, dando como resultado una de las películas más ambiciosas producidas por Fox: 'X-Men: Días del Futuro Pasado' de Bryan Singer.

Respaldado por el prestigio de la saga de Chris Claremont y John Byrne, la sensación de haber vuelto a los días en los que aguardábamos con entusiasmo cada película de los X-Men es lo primero que nos invade en cuanto comienzan a sonar las palabras del Profesor-X, deslizándonos por los pasillos de Cerebro planteándonos si el futuro puede mutar. Un prometedor arranque cuyo hype se mantiene con la presentación de un futuro desolado que haría mojar la cama a James Cameron, seguido por un enfrentamiento entre mutantes y Centinelas con el que Singer cierra las bocas de los que decían que no sabía rodar combates grupales a golpe de BLINK!

Desgraciadamente, la llegada de la calma comienza a mostrar las fallas propiciadas por el que ha sido el principal enemigo de la franquicia desde 'X-Men 3: La Decisión Final', en forma del cicatero guión de Simon Kinberg. Responsable de los libretos de 'Señor y Señora Smith', 'Sherlock Holmes' y 'Abraham Lincoln: Cazavampiros', Kinberg se ha convertido en su seña de identidad una enervante austeridad de líneas de diálogo que suele tener como resultado argumentos pobremente desarrollados y personajes sub-caracterizados.

Esta parquedad expositiva no sería problema si al menos tuviera puntería usando los recursos adecuados en momento indicado. Pero lo que suele ofrecer en su lugar es un repertorio de frases artificiosas y clichés con más años que la empanadilla de Móstoles, cuyo valor informativo es más bien discreto y rara vez resultan naturales.

Crítica de 'X-Men: Días del Futuro Pasado'

En 'X-Men: Días del Futuro Pasado' los primeros síntomas de su racanería comienzan a padecerse con la escena en la que deberían presentarse a los personajes y las reglas del viaje en el tiempo con las que discurrirá el núcleo de la trama. Y digo debería, porque en su lugar tenemos un parsimonioso desfile de personajes trajeados entre los que apenas hay intercambio de frases que nos permitan empatizar con ellos y su situación, más una exposición casi vomitada de lo que va a venir a continuación: Kitty tiene poderes para enviar la consciencia de Lobezno a través del tiempo*, si captas el concepto bien, y si no... te jodes, que llevamos prisa porque hemos perdido demasiado tiempo en planos de mutantes a cámara semi-lenta.

En este punto cabría preguntarse si hemos llegado a un punto en el que el espectador medio está tan familiarizado con el género que puede sumergirse en una trama de viajes en el tiempo sin más explicaciones, pero lo cierto es que si lo comparamos con las exposiciones de Doc en 'Regreso al Futuro' o la empatía que generaban los marines de 'Aliens' solo con la escena de la sala de carga, si hemos cambiado de una forma ha sido a peor.

Crítica de 'X-Men: Días del Futuro Pasado'

Volviendo a apelar a Cameron, la película remonta en cuanto nos trasladamos a los años setenta, dividiéndonos entre varios frentes con Lobezno, Mística y Bolivar Trask a la cabeza. Son escenas que suenan a vistas, ya sea porque beben de anteriores entregas de la saga (como la exposición de Bolívar Trask / Senador Kelly frente al congreso o la infiltración de Mística), se nos mostraron en 'Amazing Spider-Man: El Poder de Electro' o porque directamente son un homenaje a la saga 'Terminator' (“dame tu ropa, tu arma y las llaves del coche” dice la versión de Hugh Jackman). Aun así, cumplen sobradamente su cometido de dar forma al escenario del pasado, a pesar de que a la escena de Lobezno se le pueda achacar ese tono tontorrón de un personaje cada vez más encantado con su rol de tito cool. Queja minuta para un tramo que nos deja secuencias tan bien resueltas como la del Vietnam.

El problema es que el brío del enfrentamiento entre determinada Mística de Jennifer Lawrence y los hombres de Stryker desaparece de un plumazo en cuanto Lobezno pone un pie en el Instituto de Jóvenes Talentos de Xavier, dando entrada lo que queda de los X-Men (básicamente este y Bestia). Y si bien el telépata interpretado por James McAvoy fue uno de los mejores hallazgos de 'X-Men: Primera Generación', el intento de darle una vuelta dramática a su personaje fracasa estrepitósamente entre la torpeza de un desarrollo que confunde profundidad con el ABC de los panfletos de autoayuda.

El actor de 'Wanted' y 'El Último Rey de Escocia' le pone empeña, pero la mera idea de colocar como pieza central de un blockbuster veraniego a un Xavier depresivo en el que brilla más la pesadumbre pasiva que cualquier ingenio fruto del cinismo socarrón ya se antoja un error. Si al menos tuviera un desarrollo bien integrado a la trama central se entendería, pero la continua reiteración en la pena por el abandono que padece Xavier peca de simplona, poco creíble y -lo que es peor- grotesca cuando se introduce el elemento de una adicción al jaco más próxima al cine de Eloy de la Iglesia que a una película de los X-Men.

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Para colmo de males, este es el tramo en el que la dirección de Singer pierde definitivamente la batalla contra el triunvirato maligno formado entre guión, montaje y la plomiza banda sonora de John Ottman, siendo incapaz de levantar el interés en unas interminables conversaciones sin demasiada sustancia, que además dan la sensación de haber padecido los males de las tijeras de la Fox.

Si no, resulta difícil entender los constantes planos a Bestia que se alternándose a la conversación entre Xavier y Lobezno, sin que este diga o haga nada más allá de gesticular con la cabeza para recordarnos que esta ahí. ¿Tan poca confianza tiene Fox en nuestra memoria? ¿Pretendían amortizar un maquillaje que da todas las señas de estar desfasado antes de que se estrenase la película? ¿No le apetecía a Kinberg currase líneas de diálogo para McCoy, o es que la productora decidió recortar minutos de metraje sin arrebatarle a Hoult su tiempo en pantalla? Narrativamente, 'X-Men: Días del Futuro Pasado' está repleta de decisiones extrañas que resultan difíciles de entender desde el punto de vista del espectador.

Por suerte para todos, la salvación llega en forma de Mercurio, quien contra todo pronóstico termina proclamándose salvador de la función. Y aunque su inclusión en la trama y posterior salida de la misma no podía ser más gratuita -dando la impresión de ser más un movimiento de la productora para afianzar al personaje frente a Marvel Studios que un elemento orgánico de la trama-, eleva la diversión desde el momento que irrumpe en pantalla, regalándonos la mejor escena de la película a ritmo de 'Time in a Bottle' de Jim Croce.

Abordando su carácter díscolo de los cómics desde una perspectiva mucho más festiva de lo que estamos acostumbrados, bien nos podríamos haber marchado con él cuando su camino se separa del elenco protagonista, porque desde ese momento los alicientes de 'X-Men: Días del Futuro Pasado' caen en picado para todo aquel que no siga el juego del festival de nostalgia revisionista que nos propone el film.

Crítica de 'X-Men: Días del Futuro Pasado'

Con los X-Men del futuro todavía desaparecidos por la salvedad de un breve paréntesis en el que a Ellen Page le hacen pupita -resultando sus alaridos de dolor en el 50% de las líneas de diálogo que tiene en el film-, ni siquiera la incorporación del Magneto de Michael Fassbender consigue elevar el interés de un núcleo protagonista que condena al sopor a todo personaje con el que se cruza. A veces presente y otras limitándose a poner la mano para cobrar el cheque, el actor que da vida al joven Magneto protagoniza una escena en la que saca un tablero de ajedrez mientras Xavier proclama “No, venga ya, otra vez no...” que bien podría servir de resumen global de un film que requiere mucha complicidad.

Para el que no tenga el cuerpo para ser partícipe de ella, la sumatoria de factores disuasorios que van desde un Lobezno que se convierte en estorbo narrativo en cuanto se reencuentra con los traumas de Arma-X hasta un Peter Dinklage cuyo escaso aprovechamiento como villano llega a poner en su boca un discurso sin pies ni cabeza puede pesar demasiado. Todo mientras la consistencia de Magneto y Mística se pierde en el horizonte por una disparatada suma de decisiones contradictorias y Xavier continúa dando la brasa en su rol de gurú espiritual maníaco-depresivo.

Lo que nos queda es un fallido clímax en el que se alternan las tramas del futuro y el pasado, y que podría haber funcionado si no fuera porque a estas alturas de la película los X-Men del futuro no nos podían importar menos y los del pasado se ven entorpecidos por el síndrome del personaje estático. Pecando de brasas y aturullado, el fin de fiesta tiene al menos la decencia de dejarnos una franquicia reorganizada que abre una nueva puerta al futuro y ofrece un emotivo broche a la trilogía original que probablemente recordará a cierto éxito televisivo de la última década.

Crítica de 'X-Men: Días del Futuro Pasado'

Después, todo lo que queda es la escena post-créditos de final, abriendo el camino para lo que nos ofrecerán las películas de los X-Men en el futuro. En cuanto a la que nos ocupa, se puede decir que el regreso de Bryan Singer a las cámaras con 'X-Men: Días del Futuro Pasado' nos ofrece la cal y la arena. Y si bien sigue dando muestras del brío que tuviera antaño, se deja atrapar con el embrujo nostálgico que ya le absorbiera en Superman Returns, dejando que guión, montaje y música le boicoteen la película.

Pudiendo haber resultado mucho mejor de haber reforzado desarrollo y personajes, su mayor pecado es conseguir que se eche de menos el entusiasmo de Matthew Vaughn, así como quedar relegada a una tierra de nadie que la deja muy lejos de la diversión de Marvel Studios y de la gravitas de Warner Bros. Y aunque no es la gran película de los X-Men que nos habían prometido, si que cumple para los que quieran rememorar el entusiasmo de quellos días en los que los superhéroes iniciaban su andadura por el cine del siglo XXI, y se quedaron con la espina clavada por la salida de Bryan Singer antes de que pudiera rodar X-Men 3. Todo dependerá de si cuando Magneto saca la tabla de ajedrez las ganas son de empezar la partida o saltar del avión en marcha.

Crítica de 'X-Men: Días del Futuro Pasado'

Y ahora es el momento de preguntarse. ¿De que va 'X-Men: Días del Futuro Pasado'?

De la nostalgia como medicina para la melancolía. Una reunión de viejos amigo en la que no dejan de reflotar viejos chistes, antiguas anécdotas y el recuerdo de aquel detalle insustancial que había caído en el olvido. Tenéis menos pelo, se os notan más las arrugas y mientras más avanza la noche son más las memorias ligadas a los tiempos pretéritos que de lo más recientes. Y aunque los pequeños se aburren y no pueden evitar sentir cierto bochorno mientras actuáis de forma torpe y caótica, es vuestro momento y tenéis el derecho de disfrutar de ese vinilo pasado de moda que a unos os hace saltar de alegría y a otros echaros las manos a la cara por la vergüenza entusiasta. Fuck it all, te estás haciendo mayor, pero que nadie te prive de festejarlo.

Y si todavía no estáis convencidos de verla, aquí tenéis diez razones para ver 'X-Men: Días del Futuro Pasado':

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