Crítica de 'Star Trek: En la Oscuridad'

VIAJAMOS AL ESPACIO A BORDO DE LA ENTERPISE

Crítica de 'Star Trek: En la Oscuridad'

Crítica de 'Star Trek: En la Oscuridad'

Hace cuatro años, J.J. Abrams y Damon Lindelof relanzaron la franquicia 'Star Trek' con una reimaginación completa de la serie espacial de Gene Roddenberry. Fiel al espíritu del clásico de la ciencia ficción televisiva, pero con una febril incontinencia cinemática que recordaba la trilogía de George Lucas, la nueva película de Star Trek fue un éxito entre crítica y público gracias a un divertidísimo retono a los orígenes que nos trasladaba hasta los primeros años del Capitán Kirk, Spock y compañía mediante un ocurrente requiebro espacio temporal.

La secuela de Star Wars consigue que el lustro entre ambas se convierta en un suspiro durante el que ha permanecido congelado el tiempo, a la espera de que el equipo regresara a la nave Enterprise. Con un potentísimo arranque con todo el sabor del mejor cine de aventuras, todas las virtudes y defectos de la segunda entrega de la franquicia cósmica de Bad Robot podrían resumirse con una sola frase: 'En la Oscuridad' ES puro Star Trek.

Crítica de 'Star Trek: En la Oscuridad'

Sacrificando el espíritu viajero a través de mundos exóticos con un back to the basics que nos devuelve al punto de partida, el resto de la película de Abrams y Lindelof se guía por las reglas de las "historias navales" que tan bien caracterizaban a la serie y las películas originales. La única diferencia entre 'Star Trek: En la Oscuridad' y estas son los recursos técnicos que ofrece el siglo XXI, porque -por lo demás- es tan afín que en muchas ocasiones da la impresión de estar ante un episodio hipertrofiado de la serie de televisión.

Superado el relato iniciático de la tripulación inexperta que acaba salvando el día contra todo pronóstico, 'Star Trek: En la Oscuridad' actúa como una historia de la Guerra Fría, en el que intrigas políticas, intereses ocultos y conflictos con naciones limitrofes llevan la voz cantante. Un argumento innecesariamente enmarañado que trata de ocultar que no es más que una película de "submarinos" al uso es el peor enemigo de la segunda entrega de la nueva franquicia de 'Star Trek'. Detalles como la incomprensible necesidad de hacer malabares con la identidad de ciertos personajes o que las cualidades de la tripulación, el nivel de seguridad de las naves o los gadgets disponibles varíen arbitrariamente según las conveniencias del guión empañan el resultado final.

Crítica de 'Star Trek: En la Oscuridad'

¿Es posible infiltrarse por la puerta principal de una base ultrasecreta en un "utilitario" sin ser detectado? ¿Cuantos minutos se tarda en desmantelar 72 misiles? ¿Cuantos disparos fáser hacen falta exactamente para dejar fuera de combate al malo? ¿Por qué Chekov no deja de encontrar problemas para teletransportar a los tripulantes si en la anterior era capaz de cazarlos al vuelo? ¿Cómo se puede pilotar una nave de vuelta a la Tierra después de que toda su popa haya volado por los aires? ¿Por qué ocultar la identidad de "ese" personaje? ¿En pleno siglo XXIII los motores todavía siguen arreglándose a golpetazos? Mejor no empecemos con el jaleo de los misiles, no sea que se nos hinche la cabeza como a un klingon.

En general, el argumento peca de esquemático y en ocasiones predecible, pero -como suele ocurrir en la mayoría de las ocasiones- no es tan importante lo que cuentas, sino cómo lo cuentas. Y aunque Abrams y el guión se muestran demasiados amodorrados en algunos pasejes (esos planos prolongados de Cumberbatch a cuento de nada...), en cuanto entra en materia se revela como una película ágil y divertida que apenas deja hueco para el aburrimiento.

 

Crítica de 'Star Trek: En la Oscuridad'

En este aspecto hay que destacar dos factores en 'Star Trek: En la Oscuridad'. La primera y principal es la impecable labor de un reparto sobrado de carisma en el que destacan el Kirk macarra de Chris Pine y un Huesos que por desgracia no cuenta de minutos suficientes para lucirse todo lo que su cinismo socarrón debería. En general 'Star Trek: En la Oscuridad' brilla por su coralidad y como sabe entregarle su minuto de gloria a cada personaje, algo en lo que la serie original no siempre estaba fina a causa de Shatner, pero que Abrams y compañía saben lidiar con mucha gracia (siendo Spock y Chekov los peores parados por lo sosa que se antoja en ocasiones la frialda vulcaniana del primero o lo ultraparódico del segundo).

 

Crítica de 'Star Trek: En la Oscuridad'

El segundo aspecto a destacar sería ese tono de frivolidad sexy ya presente en la primera y que aquí se niegan a abandonar. Los líos de cama de Kirk, la relación entre Spock y Uhura y el repertorio de actores y actrices ligeros de ropa vuelve a estar a la orden del día, dándole a la actual saga de 'Star Trek' un regusto de ciencia ficción pop sesentera francamente agradable. En lo no tan positivo, añadir que si bien la labor de Abrams y su equipo para adaptar las grandes historias de Star Trek al siglo XXI está siendo loable, en ocasiones se les va la mano con las concesiones complices al espectador de toda la vida. Algunas están tan bien resueltas como las referencias al Kobayashi Maru o los camisas rojas de la anterior entrega, pero movidas como el comodín de la llamada a Spock son para mear y no echar gota (auque imploro a la más alta autoridad trekkie para que en la próxima entrega la Enterprise esté plagada de tribbles).

 

Crítica de 'Star Trek: En la Oscuridad'

En general, 'Star Trek: En la Oscuridad' es una película bastante entretenida a la que es mejor no tomarse demasiado serio pero que cumple su función como entretenimiento veraniego. Su fidelidad a la serie original está tan asegurada que en muchos aspectos llega a parecer una remasterización de gran presupuesto de la misma. Si te gustó la anterior o disfrutas de las películas de aventuras espaciales al más puro estilo 'Star Wars', 'Star Trek: En la Oscuridad' es la mejor excusa para poner rumbo al cine y disfrutar de dos horas de persecuciones con naves espaciales, misiones suicidas e intercambios de disparos fasers y diálogos ingeniosos en las profundidades del espacio.

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