Bafta 2013: La gran farsa de los Oscars británicos

LOS MISERABLES, ARGO, DJANGO Y SKYFALL SE LLEVAN LOS PRINCIPALES PREMIOS

Argo, Los Miserables, Django, Skyfall en los BaftaTodas las supestas diferencias culturales entre Estados Unidos y Gran Bretaña se fueron por la borda desde el momento en que al elegir sus premiados los Bafta usaron como plantilla a los Globos de Oro: película y director para Argo, Django Unchained por guión y Christopher Waltz, Anne Hathaway por Los Miserables... Que hubieran puesto un "los mismos que los americanos" y hubieran ahorrado tiempo y dinero.

De pequeño pensaba que las diferencias entre la cultura estadounidense y la de las islas de la Gran Bretaña es tan grande como el océano que los separa. Mientras crecía, vislumbraba a los primeros como cowboys multiétnicos galopando sobre sus Harley Davison por las calles de Wall Street a golpe de tabaco mascado y Hip Hop, teniendo a los británicos por gentlemen orgullosos y refinados que tomaban el té de las cinco bajo la sombra del Big Ben mientras escuchaban a Sex Pistols y veían algún sketch de los Monty Pythons.

De hecho, los Bafta siempre fueron la alternativa de buen gusto a los Oscars. Los premios con los que -estuvieras de acuerdo o no- te hacían comulgar con su flema puramente británica. ¿Qué sentido tiene hoy en día la existencia de tantas ceremonias de premios cine anglosajones si no hay diversidad alguna y solo sirven para cargarse la sorpresa de los ganadores de la Academia de Hollywood?

 

 

 

En España seremos todo lo que queráis, pero al menos los Goya no repiten los ganadores con otros festivales. Ni siquiera con otras ceremonias patrias. ¿Cual es la razón de que haya unos Bafta si se han visto relegados a una suerte de Oscars de serie B?

El que una película tan inocua como Argo se alce con la estatuilla a mejor film del año ya resulta suficientemente decepcionante si uno aspira a tomarse con un mínimo de seriedad la ceremonia. Una película patriotera, pero no tanto como Lincoln. Con un toque que la hace original, pero sin alcanzar la desmadrada excenticidad de Django Unchained. Centrada en un operación real de la CIA, pero sin la sobria aridez de La Noche Más Oscura.

 

 

Ben Affleck es el equivalente a ese alumno cuyo expediente es una oda al 6 y el 5. El niño cuyo sueño de la infancia era estudiar empresariales. Ese director capaz de acaparar premios por todo el mundo simplemente porque su película no es tan incómoda como las demás y porque Seymur Skinner perdió los papeles al ver su colección de figuras de Star Wars.

La enésima muestra de lo facilones que son los académicos cuando les ofreces una película que trate el cine dentro del cine, esa medianía que capitalizó un aparatoso ensayo de los Oscars en el que todo fue como cabría esperar: Premios para los diálogos de Tarantino, que guioniza guay. Premios para la sufrida Anne Hathaway y el carismático Christopher Waltz. Premios para la señora mayor de Amor y a Daniel Day Lewis, que con barba se parece a Lincoln. Premios para Brave que es de Pixar, y para Haneke, que dicen que su película está bien.

Pero sobre todo, premios a la aventura gerontófila de James Bond, que es el inglés por excelencia y así se nota que estamos en Inglaterra y no en otro teatro de Los Angeles. En definitiva, una gala que no es sino la consumación de unos Bafta que han terminado convirtiéndose en la enésima víctima de la globalización y que desde hace demasiado comienzan a antojarse como irrelevantes.

 

 

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